miércoles, 4 de marzo de 2009

Divagaciones errabundas sobre el alma

¿No es el alma acaso la plenitud del cuerpo? El cuerpo, en la medida en que no es afectado por causas externas, sino que obra desde sí y por sí, expresa el poder de su esencia. Alma es acto, perfección, energía. El alma conforma el cuerpo, lo hace suyo no como instrumento, sino como plasmación objetiva y realización de sí. Es en el dolor, en la enfermedad, en el agotamiento y la dispersión donde el cuerpo parece imponerse como fuerza extraña e indócil. Pero es justamente entonces cuando el cuerpo ha perdido algo de su identidad y consistencia propias, pues estas dimanan del poder integrador del alma.
El alma no sería una sustancia. La sustancia es el hombre. Alma es el acto en virtud del cual el cuerpo existe como totalidad orgánica. Es, entonces, el alma el ser del cuerpo. El alma sería inmaterial, incorpórea, en el mismo sentido en que decimos de las entidades físicas que nos salen al paso que su ser (existencia) no es la materia misma que las constituye sino el acto intensivo, perfecto, trascendental, que les comunica su realidad. Por ello el alma trasciende las categorizaciones objetivantes del entendimiento ¿Cómo clarificar la distinción? El alma "no es", no se presenta como objeto intramundano que podamos encuadrar bajo determinada categoría, el alma "hace ser", trasciende el ámbito de lo determinable como objeto-sustancia para situarse en un plano distinto.
El alma no es una entidad ligada y conectada al cuerpo no se sabe por medio de qué misteriosa unión (es el problema tradicional de todo dualismo, que entifica el alma y hace de ella una realidad yuxtapuesta al cuerpo), no es entidad objetivable el alma -decía- sino que es la actualidad constitutiva del ser corpóreo, no algo ahí a la mano, no algo ahí a la vista (para expresarnos como Heidegger). El alma está ligada al ser en el sentido tomista (muchísimo más rico que cuanto se ha pensado desde las crisis nominalista hasta nuestros días). El alma es presencia in-objetiva, pero sólo un pensamiento reducido al cálculo reificante puede sentar que lo real se agote simplemente en lo categorial-objetivo, en lo óntico (para volver a la terminología heideggeriana).
El alma no es entidad cósica, objeto singular, por la sencilla razón de que intelige y comprende. Aquello que entiende lo que las cosas son, no puede ser una cosa más en el entramado del mundo. El principio que entiende capta las entidades porque él mismo de por sí no posee una determinación entitativa, sino que originaria y constituitivamente es apertura a todo cuanto pueda ser. Esta apertura se funda en la inobjetividad del alma, que no es esto o aquello, que como dice Aristóteles, "es, en cierta manera, todas las cosas".

P.D. ¡Uffff! ¡Qué pesadez! dirá el lector. Me he expresado como he podido y con la terminología que he podido; quizá un poco a la buena de Dios, para intentar dar forma a una intuición, a un pensamiento difícilmente verbalizable que me persigue. Esto es un bosquejo. Tal vez un monstruo, un galimatías lógico y lingüístico. Pero bueno, aquí lo dejo. Pido benevolencia a quien lo lea.

3 comentarios:

Alejandro Martín Navarro dijo...

Pero no te disculpes tanto, hombre, que luego le echan las culpas al Beades de que no te deja hablar con soltura! :-)
Muy buena la entrada. Sobre todo hablar del alma como el cuerpo en tanto actúa por sí mismo. Es un pensamiento muy clásico y muy propio de la filosofía idealista a la vez. Viendo las cosas a la inversa: el cuerpo ha sido tan habitualmente minusvalorado porque ha sido percibido en su dimensión debilitadora (en tanto es lo dependiente, lo entregado a estímulos externos, lo disponible, lo "sometible" y sometido, etc.). Pero el cuerpo es también afirmación y conquista, creación, actividad propia, es decir, es algo que trasciende su determinación causal-natural. Y ese autotrascenderse es lo que hemos llamado "alma". (Por lo demás, esta idea se deduce sola de la etimología de la palabra: anima.)

Suso Ares Fondevila dijo...

¿Pesadez? ¡Una maravilla! Respondes a la perfección, además, a una cuestión que viene persiguiéndome desde hace tiempo, que es justamente la que tú explicas de modo genial. Evitas tanto el dualismo como el monismo acudiento a un manejo matizadísimo de conceptos que a mí, por fin, me aclaran la cuestión.
Siempre intuí que el "y" del "cuerpo y alma" es un error en la medida que sugiere una suma, una unión, cuando no es así: desde siempre hubo un "cuerpoalma", donde el alma profundiza el cuerpo y el cuerpo "superficializa" (saca a la superficie) el alma.
¡Qué buenos sois los filósofos cuando sois tan buenos! Muchas gracias.

Jyhael dijo...

El Alma, es aquella parte de la nada del hombre, que en su silencio, guarda la voz de su conciencia, la verdad de su firma, y la entrega constante de su impulso, el Alma, es el lleno de su contenido, el consumado compendio del impulso sobre su vida y su armonía, el Alma es el sustento de la entrega, en pensamiento, juicio y sentido del hombre... el Alma es un farol, una guía en la plenitud oscura de la noche de los hombres... encantado de haber llegado hasta este espacio, un placer... Jyhael