sábado, 9 de mayo de 2009

Temor de Dios

"Sin embargo, la comunidad o la nación que peca contra la Verdad, que pierde la reverencia a la Verdad y el horror a la mentira, está perdida, dejada de la mano de Dios. ¿Y qué castigo más grande que éste, que el que se va de la Verdad, ella se queda y no lo sigue y él se va? ¿Adónde se va? "A las tinieblas de allá afuera" -dice Cristo. La Verdad no puede imponerse a sí misma por fuerza. Si no la aceptan, se retira. ¡Temed a la Verdad que se retira!" San Agustín y los filósofos, P. Leonardo Castellani.

La Verdad nos incomoda. Parece que nuestro modo de ser-en-el-tiempo, el pathos de nuestra época, es la duda, o, mejor dicho, la incomodidad. Sí, creemos algunas cosas, algunas las hemos experimentado y han afianzado nuestras creencias, pero siempre estamos incómodos, siempre nos desagrada la "demasiada luz" que decía Pascal que no soportamos ("queremos tener con que sobrepagar la deuda").
Y sin embargo, "¡Temed a la Verdad que se retira!" Alguna vez me he imaginado volviéndome del todo indiferente, porcino, con mis cuatro gustitos y mis tres rutinas, y una sonrisa con sabor a sucedáneo de epicureísmo con cacharros tecnológicos continuamente renovados. Ruido y acciones, y objetos, que se suceden, sin dejar una rendija para el "Recuerde el alma dormida". La memoria de Dios oculta en mí -como dice Ratzinger- puede sufrir un irreparable alzheimer. A esto es a lo que Pêguy se refería como "lignificación": ir muriendo, pasar de tronco vivo a leño.
La Poesía, cuántas veces ha sido ese último hilo, ese despertador -de sonido débil- que nos avisa: cuidado, que la Verdad se retira. Nos asomamos, y hay un hueco, una huella. Ha estado aquí. Eso es la Poesía, un "ha estado aquí". Como la terrible oquedad gozosa del sepulcro el domingo de Resurrección.
El temor de Dios es temer no ver las huellas, que nos hundamos del todo en el embotamiento, lignificados. A esas piedras en que nos convertimos les fue prometido el Espíritu. La plegaria: recuérdame, despiértame, no me dejes aunque yo me aturulle. Llámame, por favor, porque a mí se me olvida.

1 comentario:

Suso Ares Fondevila dijo...

Ferdinand Hodler, "La verdad":
http://www.exporevue.org/images/magazine/3432holder_verite.jpg