sábado, 31 de octubre de 2009

Sacerdotes casados en la Iglesia Católica

Si no entiendo mal esto, el caso es que los sacerdotes anglicanos casados, que quieran hacerse católicos, podrán ser candidatos al sacerdocio católico. Y los que sean célibes, han de comprometerse al sacerdocio católico en el celibato, como es la norma occidental. Pero, ¿y esos sacerdotes anglocatólicos, que se quieren pasar al catolicismo, y que tenían prometida y se iban a casar? Muy fácil, se esperan, se casan, y ya se harán católicos más adelante, si ese es su deseo, ya casados. Al menos, no veo ninguna objeción legal. Antes de este gran paso, ya había muchos casos así.

Esta casuística me lleva a ver lo relativo que es todo este asunto del celibato apostólico. Es lógico que aquellos que sentían vocación sacerdotal y también matrimonial, allá por los tiempos del Vaticano II, y que se sintieron decepcionados al ver que no se cumplirían sus deseos, sus esperanzas de cambio disciplinar (conozco algún caso), ahora se pregunten ¿Y por qué los que vienen del anglicanismo, casados, pueden ser sacerdotes católicos, y yo no? No es una objeción fundamental, sino una derivada curiosa de las especiales circunstancia de estos pasos del ecumenismo, sí, pero... da que pensar, ¿no?

7 comentarios:

Alejandro Martín Navarro dijo...

Lo entiendes bien, y la casuística que presenta el P. Federico Lombardi, sobre todo en el penúltimo párrafo de su nota, deja entrever que esto es sólo el principio de una grieta que tendrá que cerrarse con una reflexión más profunda sobre este tema.

Dejando al margen la paradoja de que buenos sacerdotes católicos estén recluidos en sus casas por haber contraído matrimonio, mientras se le permite oficiar (caso por caso -matizan) como sacerdotes católicos a quienes seguramente son la parte más intransigente y retrógrada de la Iglesia Inglesa (capaces de abandonarla por algo tan justo como la ordenación de mujeres)... Dejando al margen todo eso, digo, es evidente que la complejidad de esta casuística acabará abriendo las puertas al celibato opcional.

Antonio Rivero dijo...

Yo en cierto modo creo que el celibato como tal no es una opción excesivamente discutible y no pertenece a una opción sino a un don de Dios, si vemos, claro, el sacerdocio como vocación y el celibato también como tal. El celibato es también una muestra de darse a los demás y de dedicación a Dios que no puede ser desechada. Además es muy necesaria para que los sacerdotes puedan hacerse cargo de la comunidad cristiana con mayor dedicación. Tenemos que tener en cuenta que una familia es un trabajo maravilloso pero que dificulta la labor de pastor. Ahí la Iglesia debe plantearse si el sacerdocio debe incluir esta entrega o no(en este aspecto claro)

En el caso de la cuestión del Anglicanismo y sus sacerdotes que desean convertirse al catolicismo es interesante y es la muestra de que es necesario una reflexión sobre el tema, coincido con Alejandro. EL ecumenismo es importante pero no debe aceptarse el contenido, según la concepción católica de la doctrina, herético o por lo menos eso creo. De todas maneras entra también el problema de que hace falta respetar los sacramentos, y sobre todo en el tema ortodoxo, que los conciben de manera igual al catolicismo. Es una gran lucha de contrarios que debe ser reflexionada con profundidad

Saludos y una entrada genial. Os leo siempre que os actualizáis pero mi ignorancia me impide muchas veces comentar.

antonio dijo...

Soy un sacerdote casado, tengo 50 años. Cuando fui ordenado a los 25 años sabía perfectamente a lo que me comprometía. Nadie me obligó a nada, lo hice en plena libertad y con un deseo ardiente de donación a Dios. Cuando poco después comenzaron a sobrevenirme dudas e incertidumbres junto con una fuerte atracción hacia el matrimonio no quise nunca aceptarlas por no traicionar el precioso ideal que había seguido. Viví dividido por muchos años, hasta que dí el doloroso paso de dejarlo. Hoy soy muy feliz con mi familia, pero ciertamente me falta un componente esencial de mi existencia, al que dediqué más de veinte años en cuerpo y alma. No me quejo de nada, solo ofrezco mi persona. Quien tenga que tomar las decisiones oportunas lo hará con sabiduría.

Eduardo Cabrera dijo...

Perdonen todos el salirme un poco del tema, pero Alejandro ¿podría decirme por qué le parece injusta la imposibilidad católica de ordenación de mujeres? No es una celada, no voy a sacar de argumentos católicos pro ordenación masculina y tal, es simple curiosidad.

Un saludo

Alejandro Martín Navarro dijo...

Hola, Eduardo: yo no he dicho que sea "injusto" que las mujeres no puedan ordenarse, sino que es "justo" que lo puedan hacer. Es casi lo mismo, pero el matiz es importante: no me rasgo las vestiduras, ni utilizo argumentos morales en contra. Simplemente creo que no hay razones de peso para mantenerla. Lo que sí me escandaliza es que haya gente capaz de abandonar la Iglesia que hasta ayer creían verdadera porque se ha permitido que las mujeres se ordenen, y que esa gente -a menudo casada- pueda oficiar ahora en la Iglesia católica, mientras que los sacerdotes católicos casados no -que, al fin y al cabo, era de lo que iba la entrada. Un saludo

Antonio Rivero dijo...

¿Que es la justicia o la no justicia? El don del sacerdocio no es un derecho, no es algo de lo que tengamos que gozar todos los seres humanos. No es ninguna discriminación, es simplemente una elección con un criterio, a mi parecer divino, que se ha mantenido hasta ahora. El problema es que en la Iglesia no se puede plantear lo que en justicia humana consideramos, sino aquello que es lo que con el amor en la verdad de Dios, pretende para el plan de salvación. No hay ninguna razón para aprobar o no aprobar mujeres para el sacerdocio, por lo que no podemos tampoco decidir sobre algo que ha permanecido en la tradición de la Iglesia. Además debemos contar que si Dios, en una revelación, tanto nimia como extraordinaria, no importaría ni el sexo ni la edad, dentro de unos límites, sino una vocación sobrenatural que permitiera realzar la figura del plan de Dios universal en el individuo para el colectivo y viceversa.

Además, debemos tener en cuenta que no es el sacerdocio algo de importancia suprema, aunque si vital, ya que lo que importa verdaderamente y que es imperativo para todos los hombres es el amor, voluntad universal, hacia todo lo creado. Centrarnos en cuestiones tan burocráticas sin la perspectiva de la caridad es un problema que probablemente, tras su solución traerá otros muchos.

Un Saludo y espero tu respuesta para que pueda escuchar tus argumentos, de los que siempre saco algo en claro.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Antonio, no tengo nada que oponer a lo que dices. No creo que el sacerdocio sea un derecho ni que pase nada porque un colectivo determinado no lo ejerza. Pero míralo también al revés: ¿existe alguna razón fuerte para que las mujeres -y precisamente ellas- estén excluidas? ¿hay algo que esta exclusión aporte a la humanidad, a la Iglesia, a la liturgia, que "agrade más a Dios"...?

Da la impresión de que se trata de una inercia de épocas en las que la mujer cumplía un rol muy distinto al del hombre en la sociedad. Ya no tiene mucho sentido, y la sociedad lo percibe como una discriminación más. Pero vuelvo a la entrada: lo único que espero es que, si un día la Iglesia acepta el sacerdocio femenino, no haya una desbandada de "ortodoxos" en busca de otra Iglesia más "pura", "tradicional", etc.