miércoles, 14 de enero de 2009

Cristo y el Sábado

El Sabbath ¿Por qué esa insistencia de Jesús en realizar sus curaciones y exorcismos en Sábado? ¿Acaso pretendía simplemente epatar, mover a escándalo al stablishment religioso de su tiempo? ¿Era su intención subrayar de este modo el primado de la caridad y la misericordia frente al automatismo del ritual y la servidumbre de la ley? ¿Así mostraba el Cristo su soberanía y poder?

Creo que más o menos las preguntas anteriores recogen las interpretaciones comunes que se dan a estas acciones en que parece quebrantarse el descanso sabático. Pero en el fondo todas estas hipótesis, algunas parcialmente verdaderas, no dejan de presentárseme un tanto romas y superficiales. Volvamos al libro del Génesis: el descanso sabático arraiga y recibe todo su sentido del reposo perfecto de Dios tras la creación del mundo. La paz de Dios sostiene con su fuerza vivificante el Universo. Dios se goza en su obra, que acoge amorosamente en su seno. Hace descender sobre ella su Gloria. El ser mundanal es entonces plenitud radiante. Todo es bueno.

¿Cómo no iba Cristo a curar en Sábado? El Sábado es justamente la ocasión propicia para la sanación. Cristo no rompe el Sábado, lo consuma, le devuelve su original sentido. Las curaciones del Sábado son un signo: he aquí que la Creación es restaurada. El ser humano penetra en el descanso del Señor y experimenta en íntima unión con el Eterno la gratuidad del Bien derramándose en el mundo. Ahora las cosas son como deben ser. Porque Cristo es el Logos, Sabiduría de Dios que nutre y alimenta al Cosmos. En Él, en Cristo, el mundo vuelve al seno del Padre. En Él, en Cristo, es acogido el hombre (menesteroso, enfermo, indigente) para penetrar en el verdadero Sabbath. Sólo queda una duda torturante: aquel Sábado en que el Hijo del Hombre parece vencido por la muerte ¿Mas no es ese Sábado también misterio de salvación? “Descendió a los infiernos”. Cristo está en el fondo de la soledad más lúgubre, en el grito de dolor de los desesperados. Lo abraza todo con su misericordia infinita ¿Podrá algún hombre resistirse a su atracción definitivamente? Vivamos de esa esperanza.

3 comentarios:

Jesús Beades dijo...

Qué hermosa –y aguda– interpretación del Sábado. Por cierto que Ratzinger nació en Sábado Santo, circunstancia que él interpreta de un modo simbólico-escatológico. Nuestro "ya-pero-todavía-no" es un Sábado cósmico, un sueño entrecortado del que despertaremos a una realidad más dura, cortante, perfilada y consoladora.

Rafael G. Organvídez dijo...

El Sábado es también el día de la Esperanza en la Resurrección. Es nuestra propia vida resumida en un único día. Es también la víspera del gozo, la expectación ante el nacimiento nuevo del hombre.

Suso Ares Fondevila dijo...

Yo creo que tu hermosísima reflexión, Antonio, está ya in nuce en el dictum "es el sábado para el hombre y no el hombre para el sábado". Y si es para el hombre, tiene que ser para él lo que fue para Dios: descanso maravillado, para poder decir de su creación y su criatura humana "¡qué bonitas me han quedado, qué bien me han salido!". Con este Sabado original conecta Jesús, como tú tan bien dices, con la pretensión de devolvérselo al hombre en su pureza original, de modo que también él pueda decir y decirse: "¡Qué hermoso es todo y qué a gusto estoy yo aquí!" Para tal pronunciamiento, Jesús tenía que hacer del sábado lugar de descanso del hombre, es decir, de curación del hombre enfermo. Sólo un hombre sano y salvo puede hacer de su sábado lo que Dios hizo del suyo.