martes, 9 de junio de 2009

La Balanza y la Cruz

«Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él” (Lc. 10)

Hasta aquí la parábola evangélica. Ahora mi anécdota: nos dirigimos al pueblo más cercano en una furgoneta, porque algunos de los ocupantes del vehículo quieren oír misa. El conductor es un hombre piadoso, que asiste diariamente a misa, y dedica todos los días un rato a leer el Evangelio, a la meditación y a la oración. Al llegar a cierta altura, vemos que un coche está parado en la cuneta. Está averiado y la familia que lo ocupaba está de pie junto a él, pidiendo ayuda. El conductor del vehículo mira brevemente el reloj y dice: “vamos a llegar tarde a misa. Ya parará el siguiente”.

¿Por qué esa obstinación -que a todos, alguna vez, nos invade- por suplantar lo más genuino y lo más obvio del Evangelio? ¿Por qué ese insistente retorno a la dimensión más legalista, ritualista e idolátrica de la religión? ¿Qué extraño impulso nos hace olvidar siempre lo más elemental del mensaje de Cristo para sustituirlo, no por un vago hedonismo –lo cual sería, en cierto sentido, comprensible–, sino por una religiosidad acartonada?

Durante la conversación con Jesús Zamora hace un par de posts, reflexionaba sobre esto mismo. Y llegué a la conclusión de que Cristo trata de librarnos de nuestra necesidad de religión. ¿En qué sentido? No, desde luego, en el sentido de que nos exima de buscar la dimensión espiritual del hombre, ni de que debamos obviar las grandes cuestiones unidas a ella. No en el sentido, sugerido por Vattimo y reconocido por los pastores protestantes holandeses de los que nos hablaba La Buhardilla, de que ya no haya diferencia entre cristianismo y ateísmo. Pero sí en el sentido de que la religión ha sido, hasta Cristo, el deseo de someter a Dios a mecanismos controlables: el rito, la oración, la penitencia. Todo lo que, de un modo mesurable, predecible y definido, está establecido en la alianza, es decir, en el “contrato” con Dios. De ahí la anécdota, que contaba al hilo de aquella conversación con J. Zamora, de los pueblos españoles en que el Domingo de Resurrección (tal vez la fiesta más importante de la Cristiandad) es llamado “Domingo de Judas”. En él la gente hace muñecos de Judas para apalearlos y quemarlos. El mal hecho a Cristo sólo puede ser compensado con un mal hecho a Judas. Cristo no se venga de Judas, ¡pero nosotros lo haremos por él! El Dios redentor resulta demasiado impredecible para el deseo de restitución humano. Por eso lo rechazamos. No queremos misericordia ni gracia, sino legalidad y justicia.

Pero no podemos olvidar que nosotros no veneramos al Dios justiciero, sino al Dios redentor. Aquel a quien, como nos recordaba el Papa en su meditación del Sábado Santo, adoramos como dios venidero que asoma por el Oriente. Él nos ha dado como símbolo, no la Balanza: la Cruz.

8 comentarios:

oliver sotos gonzález dijo...

¿Y por qué todavía se sigue creyendo en dios?

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Suso Ares Fondevila dijo...

¿En qué película española -creo que una de Montxo Armendáriz- salían unos niños quemando a un Judas pelele colgado de un árbol, en algún pueblo del norte de España? Recuerdo que la escena me había impresionado muchísimo.
El viejísimo lema: primero la obligación y después la devoción. ¿No está ya dicho ahí que primero es auxiliar a los que estaban en la cuneta con el coche parado, que primero estamos obligados con el prójimo necesitado?

Jesús Zamora Bonilla dijo...

No puedo evitar pensar en Yahveh arrepintiéndose una y otra vez de su conversación con Moisés en el monte Sinaí. "¡Cagonlaputa!", rumiaría en sus etéreas salas, "¡si me hubiera limitado a escribir en las jodidas piedras 'amaos los unos a los otros, y a mí dejadme en paz'! ¡La de follones que les habría evitado a estos gilipollas!".
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Pero no, tuvo que dar rienda suelta a su perverso vicio de organizar la salvación por entregas, como un lamentable culebrón.

Jesús Beades dijo...

Tocayo, cuánto me recuerda esa alocución divina a La vida de Brian. No te creas, no me parece del todo blasfema y desencaminada. (Aunque sea una incorrección lógica eso de atribuirle a Dios un "perverso vicio de organizar la salvación).

oliver sotos gonzález dijo...

Jesús Beades, ¿Por qué es una incorrección lógica?

Según tengo entendido (y hace ya algunos años que aprobé COU), la lógica partía de unos supuestos o premisas.

Entonces, si cambio dichos supuestos, la lógica no tiene por qué ser incorrecta, ya que el resultado puede ser perfectamente lógico.

¿Cuáles son esas premisas de las que partes para que Jesús Zamora llegue a una incorrección lógica? Me intriga sinceramente.

Jesús Zamora Bonilla dijo...

Eso de que atribuir a Dios vicios perversos es una "incorrección lógica" no deja de ser un prejuicio logicista (la idea de que Dios cabe en la lógica), y al fin y al cabo, el umbral de alguna que otra blasfemia. Por otro lado, que algo sea un vicio CUANDO SE DA EN EL HOMBRE no implica que sea MORALMENTE MALO cuando se da en dios (que pa'eso es el que manda): la IRA es un pecado capital en el ser humano, pero no me negarás que en el Antiguo Testamento (y parte del Nuevo), Yahveh es un personaje permanentemente cabreao (es que el tío ni siquiera sale una puñetera vez sonriendo). Al menos los dioses griegos eran más alegres (aunque no menos cabritos).

Alejandro Martín Navarro dijo...

Querido Óliver: no veo que una entrada sobre algo tan concreto deba llevarnos nada menos que al tema que planteas. En todo caso –y adelantándote que no voy a iniciar una discusión sobre la existencia de Dios– te respondo algunas cosas. Y ello a pesar de que me aburre soberanamente la insistencia en utilizar determinadas teorías de la astrofísica para sacar conclusiones metafísicas. Cuando oigo o leo este tipo de argumentos, me reafirmo profundamente en la necesidad de la filosofía, y sólo puedo lamentar que haya tanta gente inteligente instalada en paradigmas de pensamiento superados por la filosofía. En concreto: paradigmas pre-kantianos.

Me explico entrando en el asunto del documental: incluso bajo el paradigma cosmológico de las muñecas rusas que allí se plantea, se ve necesitado de hablar de un “vacío primigenio” que dio origen a los primeros “universos-burbuja”. La teoría tiene que partir de la existencia de un “falso vacío” que es en sí mismo ALGO (tiene propiedades), de manera que la pregunta por su origen sigue siendo válida. Luego lo único que se hace es trasladar la pregunta por el origen de “este” universo a la de “los” universos en general. Luego, se trata de la vieja pregunta: ¿por qué el ser y no la nada?

Cuando entendemos que causa, efecto, tiempo, espacio (y demás conceptos implicados en una explicación humanamente inteligible acerca del “origen”) no son estructuras fijas de la realidad, preguntar por el origen de ésta es preguntar por algo que nuestro entendimiento no puede responder (y ni siquiera preguntar correctamente). Así que se habrá ganado mucho para el progreso intelectual de la humanidad cuando los científicos y, sobre todo, los (malos) divulgadores de la ciencia entiendan que el entendimiento humano no es el lugar de residencia de las esencias últimas de las cosas, que su naturaleza es finita y condicionada por los avatares de la supervivencia, la adaptación y la historia, que cualquier explicación empírica lo será siempre de una parcela de la “realidad” previamente delimitada por el propio entendimiento, y que es un dogmatismo intelectual pretender que el origen absoluto de todo cuanto de alguna forma ES, puede ser comprendido bajo un esquema de pensamiento humano.

Jesús Zamora: aunque tu comentario también apunta más allá de lo planteado aquí, te responderé que ese planteamiento que haces (que comparto en lo que tiene de queja humorística) sólo puede hacerse concibiendo a Dios como una entidad ajena al hombre, que desde su eterna pureza ordena a éstos cosas arbitrarias y estúpidas a lo largo de los siglos. Pero yo nunca olvido que Dios no se da al hombre más que condicionado por las herramientas lingüísticas, morales, conceptuales FORJADAS por éste a lo largo de SU historia. Por eso la salvación es la HISTORIA de la salvación: y esa historia es nuestra historia. Mi entrada, como casi todas las que hago, presenta una tesis histórica (o, a lo sumo, moral). Para mí tener fe no es emitir el juicio “Dios existe”, que por lo demás es un juicio muy peculiar, desde el momento en que no sabemos exactamente qué “objeto” es Dios, y por tanto, tampoco sabemos qué pueda significar “existir” para un ser semejante. Lo interesante en el tema de la religión no es, para mí, tratar vanamente de defender una tesis sobre la existencia o inexistencia de Dios, sino iluminar nuestra vinculación afectiva, moral e histórica con Él.

Jesús Beades dijo...

Oliver:

Dios es el Sumo Bien (premisa).

La virtud es una fuerza que emana del bien.

El vicio es la perversión de la virtud, o su ausencia. (De hecho, "perverso vicio" es un pleonasmo).

Por lo tanto, atribuir un "vicio" a Dios es una incorrección lógica (por decirlo con suavidad).

Y tocayo:

ese antropomorfismo es gracioso cuando es de coña. Puesto como argumento en serio es ridículo. La "ira de Dios" no es más -ni menos- que una imagen (un material histórico, conceptual, siguiendo a Ale) con que los autores de las Escrituras han dado cuenta de una idea (revelada por Dios, para ellos), a saber: el descamino que supone para el hombre alejarse del vínculo con Dios.

Y la simpleza de comparar al Dios de las Escrituras con el paganismo griego (horterada en la que cayó Cernuda en Ocnos, por cierto), es el resabio de una moda ilustrada, bastante cursi. ¿Alegres los dioses griegos? Serían Dionisos, y Afrodita, si se les mira con cariño. Anda que no había hijos de puta en el Olimpo.