jueves, 11 de junio de 2009

Nuestra libertad de conciencia

Aquí un texto de Jacinto Choza, que me ha recomendado esta tarde Antonio Javier. Parece que la nueva tarifa plana de mi compañía de teléfono va a favorecer la conversación interminable de la Taberna del Fin del Mundo.

26 comentarios:

Antonio Rivero dijo...

La libertad de conciencia es una cosa, pero no es Jesucristo el pilar de nuestras doctrinas y nuestras creencias y dijo él "A partir de ahora te llamarás Cefas, que significa piedra" Y no es el pilar y el espíritu quién dirige a la Iglesia. LA libertad de conciencia es posible, pero puede caer fuera de la influencia del espíritu, es necesario por ello seguir las directrices que la jerarquía da sobre la doctrina...
Abrir el estamento humano y dejar que el ser sobrenatural de la Iglesia se llene del Espíritu de Dios el lo más seguro, pues sino los estamentos humanos pueden derrumbar nuestra propia fé.

Esta es mi opinión. Seguiré siguiendo este interesante blog.

Antonio Javier Sánchez Risueño dijo...

Lo dije en alguna ocasión y lo repito. En la jerarquía eclesiástica hay miedo. Les cuesta lo indecible el reconocimiento explícito de que muchas cuestiones no están cerradas, sino que por su ambigüedad e incertidumbre, han de estar sujetas al juicio prudencial y no a la determinación apriorística. Pongo un sencillo ejemplo: los anticonceptivos ¿Cuál es el temor? Aun manteniendo en sustancia la doctrina de la Humanae Vitae -por cierto, las encíclicas papales no son infalibles, ni siquiera el magisterio ordinario lo es (lo que no significa que lo ignoremos como si nada fuese)-, aun manteniendo dicha doctrina -digo- sólo hace falta tener un par de dedos de frente para darse cuenta de que se dan circunstancias en que los esposos pueden utilizar con perfecta tranquilidad de conciencia la anticoncepción ¿Acaso un matrimonio que por razones laborales o de otro tipo sólo puede verse los fines de semana (en mi profesión conozco a muchas personas en esa circunstancia) va a tener que vivir sujeto a los métodos naturales con los graves impedimentos que ello les supondría? ¿Y si hay razones médicas sólidas que advierten de peligro para la salud del feto o de la madre en caso de embarazo, peligro serio y avalado? ¿No deberíamos acoger entonces incluso la posibilidad de una ligadura de trompas? ¿Y si mi pareja está infectada de SIDA? ¡Es sentido común!
Pero parece que si se abre aquí la mano y se deja el campo abierto, confiando en la discreción y prudencia de las personas, nosotros, los pobres católicos, al no tener una consigna clara, nos vamos a entregar a todos los excesos de un relativismo moral salvaje ¡Que no, señores obispos! ¡Que ya somos adultos!

Antonio Rivero dijo...

El hecho es que la naturaleza sigue su curso, y todo lo que el hombre interrumpa con los factores tecnológicos y además por añadidura interrumpa valores morales y pilares de nuestra existencia como es el amor, eso es digno de condena por la Iglesia Católica.

Pero incluso, en esas equivocaciones que dependen del avance tecnológico e intelectual, el cristiano debe en la duda obedecer a la Jerarquía, pues fue Jesucristo el que dijo: Mateo 16:19 “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

La Jerarquia es la guía y como dijo Chesterton: "Nosotros realmente no queremos una religión que tenga razón cuando nosotros tenemos razón. Lo que nosotros queremos es una religión que tenga razón cuando nosotros estamos equivocados..."
La Iglesia Católica y la Conversión

Alejandro Martín Navarro dijo...

Esto de acuerdo con Choza y Antonio Javier. Pero no sólo los obispos "tienen miedo". También hay mucha gente "de la calle" a la que sencillamente le resulta insoportable la idea de tener que asumir el carácter incierto de nuestra condición moral. Sin duda, es más tranquilizador saber que "los mil labios de la opinión se cierran frente al dogma" y disponer de un catálogo de pecados con sus correspondientes castigos, al que poder atenerse. Mucho más tranquilizador, sin duda, que encontrarse en medio de dilemas morales a los que tenemos que enfrentarnos con la ayuda de frágiles instrumentos: ante todo la conciencia individual, pero también el consejo, la experiencia propia y de otros, y entre estos instrumentos se encuentra también -faltaría más- la guía del Magisterio.

Suso Ares Fondevila dijo...

Antonio Javier, Alejandro: ¡teneis más razón que un santo! Os agradezco infinitamente vuestras reflexiones.
Un abrazo.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Antonio Rivero:

gracias por tu aportación y bienvenido a este blog. Un par de objeciones:

"La naturaleza sigue su curso" es una afirmación algo difícil de defender. Toda la cultura está hecha para impedir, a menudo, que la naturaleza siga su curso: desde los tabúes sexuales a las presas hidráulicas. Y en todo caso no nos dice nada acerca de la cualidad moral de un acto.

En cuanto a tu afirmación de que el cristiano, en la duda, debe obedecer a la jerarquía... Santo Tomás explicó justamente lo contrario: que un cristiano debe seguir siempre su conciencia, equivocada o no, pues "todo acto hecho contra la razón, sea correcto o incorrecto, es malo". Pero si quieres un juicio más autorizado que el del Aquinate, y más actual, fíjate lo que dice el Catecismo de 1994: "el ser humano debe obedecer siempre al juicio cierto de su conciencia".

Por otro lado, si es verdad que la conciencia individual no es infalible, no es menos cierto que, como bien señala Antonio Javier, las encíclicas tampoco lo son. Sólo hay que ver las barbaridades que decía León XIII sobre la modernidad, por poner un ejemplo.

La jerarquía, el magisterio, pueden ser guía, pero nunca pueden ser el criterio último ni nuestro juez definitivo.

Un saludo

Antonio Rivero dijo...

"Toda la cultura está hecha para impedir, a menudo, que la naturaleza siga su curso: desde los tabúes sexuales a las presas hidráulicas. Y en todo caso no nos dice nada acerca de la cualidad moral de un acto."

No estoy de acuerdo. La ""existencia"" proviene de la intervención providencial de Dios en los sucesos naturales. Es evidente que en el ser humano hay una razon de ser contra las conductas impudorosas, contra el odio, contra la violencia, contra el robo... Pero no contra los actos en que no hay perjuicio grave para el hombre, o no dijo Dios que nos sirviéramos de la naturaleza, pero sin destruirnos a nosotros mismos. Al fin y al cabo no solo hay un poso del diablo en nosotros sino que somos semejantes al propio Dios.

La cultura en su propia naturaleza, en un transcurso natural de su existencia, sigue estos patrones. Es cierto que en regiones de África y Amazonas, el pudor (sigamos con este ejemplo) no tiene una misma concepción al de occidente, pero, no se puede decir que no lo tengan, pues investigaciones científicas lo han corroborado.

El cristiano debe razonar, pero, en la duda debe confiar en la Iglesia. Razonar no es pecado señores, lo que es pecado es dejarse llevar por razones poco sólidas. La realidad de Dios es infinitamente infinita, lo que quiere decir que ni nuestro ser ni nuestra inteligencia puede alcanzar sus designios y su naturaleza. Ante este gran impedimento, el ser humano debe rendirse, si no tiene un apoyo sobrenatural. En el caso de los cristianos tenemos el Espíritu de Dios. ¿Pero por ello no hay que razonar? Si hay que razonar pues el vicariato de Dios en la Tierra lo ejerce la jerarquía, y la jerarquía es humana, por lo tanto puede equivocarse. Pero hay que saber que uno de los principios del cristianos es la Inerrancia del Papa en temas morales. Ese es el mayor ejemplo de seguir a la Jerarquía.

Y una cosa más. León XIII no dijo nada escandaloso. Lucho de forma vanguardista contra el fenómeno de la apostasía de las masas. Condeno el sistema socialista real de raíz, condeno al capitalismo de raíz, y propuso en su encíclica "Rerum Novarum" unos patrones éticos para la conducción económica.

La jerarquía es imperfecta,, y se puede equivocar en temas naturales, pero no en el tema mas importante, Dios. Pues el Espíritu está en el seno de la Iglesia

Jesús Tejada dijo...

Una breve reflexión sobre una referncia de Choza en su texto: me preocupa, si no he entendido mal, lo que cuenta de la declaración del 99 por la que se acuerda la salvación por la fe, en vez de además por los sacramentos, etc. En ocasiones como ésta siempre recuerdo las fuentes originales con intensidad: "no todo el que diga Señor, Señor se salvará... sino el que cumpla la voluntad de mi Padre". Según esto, valga la simpleza, la conciencia recta es la que busca (con formación, honestidad...) la voluntad de Dios; allí se encontraría la conciencia liberada y comprometida por el Amor. También convendría releer la carta de Santiago: en la que dice algo "de pasada" sobre la fe y las obras. La nefasta "conciencia tranquila", "la vaca moral", se da de muchas maneras: no sé si decir que en el protestantismo estadounidense actual está habiendo una revisión de estas cuestiones puesto que empiezan a expresar cosas como: ¿tiene sentido decir "creo en Cristo, luego estoy salvado, mira me ha dado el pastor una camiseta donde lo pone?"; ¿y qué decir de la libertad de conciencia-ción del cristiano progre?

¡Enhorabuena por vuestro blog!

Antonio Javier Sánchez Risueño dijo...

Creo que los que hemos descubierto o reencontrado -o al menos estamos en ello- la "salvación por la fe" (en nuestra tradición católica, quizá ayudados por protestantes pero en el fondo respondiendo a una exigencia intrínseca de "lo católico") hemos aprendido a liberarnos de esa conciencia atribulada, donde la culpa retorna, donde la ley se especifica y articula hasta lo mínimo, impidiendo así el salto definitivo al seno entrañable del Padre. Es el Epíritu que actúa en nosotros por la fe en Cristo Jesús el que -como diría el apóstol- nos hace clamar "Abba".
Ahora bien -como nos recuerda Jesús Tejada- la primacía de la fe no debe confundirse con un quietismo, con la complacencia en lo que se es; la fe obedece a un dinamismo intrínseco: o crece o disminuye. La verdadera fe no es enemiga de las obras, al contrario, como creo que decía Sta. Teresa de Jesús, la fe quiere obras y más obras en que se muestre y madure. Mas en esas obras colabora de un modo misterioso, no sé si concebible por nuestra razón -me temo que no- la libertad humana y la gracia divina. Que nadie se gloríe de lo que ha hecho -decía Pablo- que todos se gloríen en el Señor.
Por otra parte -y aunque no quiero extenderme en demasía- no pretendo en modo alguno que de mi intervención anterior se deduzca ni que yo niego la constitución jerárquica de la Iglesia ni que le niegue al cuerpo episcopal con el Papa a su cabeza (aquí cabrían todos los debates sobre la relación entre el colegio cardenalicio y el Papa, o hasta el papel del "sensum fidei" del pueblo cristiano) ni que le niege al Papado, digo, la autoridad para definir doctrinas y reglas de conducta que obliguen en conciencia al católico. Sólo matizo que tales definiciones son extraordinarias y puntuales, que el Papa no habla "ex cathedra" a cada momento. En lo que se refiere al magisterio ordinario, este debe ser guía para la conciencia creyente y ha de obedecerlo, mas al no implicar infabilidad, si un católico considera en conciencia que una doctrina de dicho magisterio es incompatible con una tesis firmememente arraigada en su conciencia y de la que no podría desprenderse sino "nominalmente" pero no "realmente", ya que ante su razón es verdadera con fuerza de evidencia o al menos de certeza moral; en tal caso, digo, el católico no puede ser acusado de herético o cismático. Acudo a Masiá: disiente "en" la Iglesia, pero no "de" la Iglesia y menos aún "contra" la Iglesia. La Asamblea de Dios no es un monolito.

P.D. Sobre los progres. Algunos piensan que basta con que algo no esté formalmente declarado infalible por Roma para tomarlo como mera y simple opinión, así que "ancha es Castilla". No acepto la tesis -creo que queda claro- de los que piensan que el Espíritu está obrando en la burocracia de los dicasterios romanos, pero tampoco el exceso de los que no estiman en nada la autoridad eclesial.
Finalmente, una anécdota. Aunque Küng pueda ser hoy más un protestante liberal que un católico hay que reconocer que su tesis comparativa entre la teología barthiana y el concilio tridentino llevó al propio Barth a declarar que la doctrina de Trento sobre la justificación podía ser asumible por un protestante como él. Quizá entonces Küng hizo un servicio a la Iglesia Universal que hemos de reconocer.

Alejandro Martín Navarro dijo...

A ver, Antonio: lo que trataba de decir es que “la naturaleza” no puede ser el criterio de nuestras normas morales. En mi naturaleza está el impulso sexual, pero debo canalizarlo (cultural, éticamente) según una forma moral; en mi naturaleza está el impulso de agresión, y debo canalizarlo también según una forma moral. Etc.

Tú insistes en que en la duda el cristiano debe confiar en la Iglesia. Bueno, es una postura. Poco más o menos, es la que tenía Ockham y se llama “voluntarismo moral”. Según éste, Dios manda cosas a los hombres, y estos deben acatarlas aunque no las entiendan: si Dios te manda matar a tu único hijo, pues lo haces, porque Él sabe y tú no. Pero, si realmente tienes en tanta estima al Magisterio y a la Tradición, podrías confiar más en los textos fundamentales de la Iglesia en que se afirma justamente lo contrario. Insisto: Santo Tomás, Catecismo, los grandes teólogos del siglo XX... Y si nada de eso te basta, fíjate lo que dice San Pablo del primer Papa: "Cuando Pedro vino a Antioquía, abiertamente me opuse a él, pues era digno de reprensión" (Gal.2,11). Parece que San Pablo era un rebelde empeñado en corregir al Papa, a quien Jesucristo en persona había prometido las llaves del Cielo. Todo esto convierte esa postura que defiendes, literalmente, en un ser más papista que el Papa.

No me parece aceptable -por irracional y por anticristiana- esa asunción del voluntarismo moral, según el cual el bien es lo que Dios enseña que sea el bien. Porque si eso es así, el cristianismo se convierte en una mercancía más en el supermercado de las normas morales, y la diferencia entre no usar anticonceptivos y no comer carne de cerdo no puede ser dilucidada más que desde una previa, injustificable y arbitraria elección de la mercancía moral “cristianismo” frente a la mercancía moral “judaísmo” o “islamismo”, etc. Pero es la razón la que debe dictaminar que una moral, religiosa o no, es asumible. Lo que ocurre –y con esto entro en lo que apunta Jesús Tejada (por cierto, un abrazo, espero que nos veamos pronto, que ya toca)– es que la conciencia no es infalible: debe ser formada y educada, debe participar de un proceso de conocimiento que afecta tanto al análisis teológico de las Escrituras como al mismo ser humano en su dimensión moral. La confrontación catolicismo-protestantismo como sinónimo de obras-fe es una confrontación que sólo tiene sentido si se piensa que obras son “sacrificios”. Pero obras son ¡misericordia! La confrontación era, en efecto, si te salvabas poniendo velitas a los santos y comprando bulas o si era la sola fe. Pero es que la sola fe se desvanece igualmente si no es fe EN Jesucristo. Es decir, confianza en su persona, que se concreta en el nuevo mandamiento de la caridad.

Una última observación que siempre me sorprende: ¿por qué el legalismo eclesiástico, con sus catálogos minuciosos de pecados y gravedades morales, “huele” tan poco a Evangelio? Si se trataba de eso, ¿por qué no dijo Jesús: “no os masturbéis, que eso es un acto gravemente desordenado”, “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”, “no le llevéis la contraria a Pedro, o seréis expulsados de mi Iglesia”? Los catálogos y sus correspondientes sanciones ya estaban en el A.T. Pero cuando uno lee la predicación de Jesús, se ve que “va por otro lado”, que “es otro rollo”, porque no se trata de actos buenos / actos malos, sino de la liberación del hombre de la Ley, de la asunción del nuevo y único mandamiento de la caridad, y de la nueva relación que de ahí se establece entre Dios y los hombres.

Un saludo a todos

Antonio Rivero dijo...

LA providencia divina es clara, Dios conduce los caminos de los hombres (sin interferir en su libertad) para que alcance la salvación, y te lleves a muchos de tu mano aunque ni siquiera lo sepas. El mismo Jesús (Dios) fundó la Iglesia como uno de sus fundamentos en la providencia divina. Dios está atento a nuestros pasos y no dejará que nos caigamos. El fundamento espiritual de la Iglesia,(la iglesia carismática y fuera de cargos como poderes adquiridos (Poder por ostentar poder), se fundamenta en los sacramentos, en el pastoreo de los rebaños (figura del pueblo de Dios)y en la renovación del sacrificio magnánimo de Cristo en la Cruz.

Si uno extirpa uno de esos fundamentos, pierde parte de la esencia total del Cristianismo. El pastoreo, o más bien denominado, la guía de los hombres hacia Dios lo ejerce la jerarquía más directa y simple, el sacerdocio. En la dirección espiritual el sacerdote, si dispone de buena voluntad, la gracia interviene, y es el mismo Cristo quien pastorea a sus rebaños. Pero somos humanos, y como tenemos distintos comportamientos, relacionados con la cultura, las formas de caminar hacia Dios (no perdamos este horizonte)cambian en los aspectos más viscerales y superficiales, pero los aspectos profundos no cambian.

¿Pero el hombre común es capaz de discernir como y cuando cambian las cosas? En parte sí pues el hombre debe hacer caso a su sentido común, pero más allá de ese razonamiento, debe hacer caso a la voluntad de Dios mas inmediata, lo comportamientos ordinarios de conducta. Eso es dirigido por la conciencia, pero ayudado de la mano de Cristo representada en la Iglesia.

Historicamente, las empresas humanas se van burocratizando, complicando, y lo mismo ha pasado en la Iglesia humana. La humanidad de la Jerarquía ha ido estamentalizando el pecado, regularizando el sacramento y las indulgencias... Pero este hecho se está purificando a través de esta modernidad (s.XIX,s.XX,s.XXI)

"Cuando Pedro vino a Antioquía, abiertamente me opuse a él, pues era digno de reprensión" (Gal.2,11) De acuerdo, somos humanos y como humanos no estamos en posesión de la verdad absoluta, pero tras una discusión, reflexión... ¿Ha habido algún Papa, que en temas morales, se haya equivocado, respecto a sus circunstancias históricas y tecnológicas? A mi parecer no.

Espero tu respuesta y la discusión se está haciendo interesante.

PD. No soy un experto como a lo mejor eres tú u otros que visitan este blog, simplemente razono y expongo. Espero llegar aunque sea remotamente a vuestro nivel.

Alexander dijo...

La libertad de conciencia no esta ligada con la religion ni con ninguna de las instituciones o acaso ¿no teniamos libertad de conciencia antes?. Una iglesia que es incapaz de aceptar sus errores y al aceptarlos olvidarse de describir el asunto no me parece que sea el pilar de todos nosotros solo una roca más, y en ese caso estamos encerrado en una jaula de libertad. Un saludo a todos

Antonio Rivero dijo...

Un apunte la Iglesia se ha retractado de sus errores. Declaraciones de Juan Pablo II lo corroboran.

Lo segundo, la libertad no es una jaula sino la llave para abrir la jaula de nuestras limitaciones y nuestras desgracias.

La fé no salva solamente, creer no es la llave para llegar a Dios, sino las obras congruentes a esa fe son lo que nos lleva a Dios.

LA teología enseña el camino, pero... el camino lo andamos nosotros. Ni la jerarquía, ni nadie puede andar por cada uno, pero esta claro que no se puede andar por la senda de lo infinito en la oscuridad.

El protestantismo es la doctrina del conformismo por la fe.

Como bien cito Jesús Tejada:

"no todo el que diga Señor, Señor se salvará... sino el que cumpla la voluntad de mi Padre"

La Fe ciega y fanática es un atentado ante la propia Iglesia. Pero fundamentarse en la fe en determinados temas en los que hay duda es un acto de confianza a Dios, no irracionalidad.

Si el creyente pretende abarcar todo con la razón, le será imposible creer.

Saludos Alexander. Que por cierto me gusto tu poema.

Alejandro Martín Navarro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alejandro Martín Navarro dijo...

Hola de nuevo, Antonio:

La muletilla que añades a la infalibilidad del Papa (“respecto a sus circunstancias históricas y tecnológicas”) daría mucho que hablar, porque implícitamente sostiene que el Papa sí puede equivocarse por culpa de los deficitarios conocimientos de su época. Pero precisamente esa es la hipótesis que defiendo yo: que tal vez la Iglesia se ha precipitado en determinados juicios morales cuando la cuestión debía ser examinada con más profundidad, y mientras tanto, como dice Antonio Javier, dejarla abierta o al menos no tan rígidamente cerrada.

De todas formas, no es ese el problema que estamos tratando, sino el de la conciencia y la libertad. Supongamos que el Papa dilucida una cuestión moral en un determinado sentido. Por ejemplo: utilizar métodos anticonceptivos no naturales es pecado. Examino la cuestión en sí misma y no la entiendo. Entonces trato de informarme, formarme, analizo argumentos, exégesis bíblicas, textos de la Tradición, y le dedico horas de oración y meditación. Y sigo sin entenderlo. Es más: cada vez veo más claramente que es un planteamiento absurdo. Y ahora yo me veo en la tesitura de utilizarlos o no. Según tu planteamiento, yo no debería hacerlo, debería confiar en el Magisterio. Sin embargo, si lo hago así, no estaría actuando de acuerdo con mi conciencia. ¿Qué valor tendría? Estaría actuando contra mi razón, lo cual, como dice Santo Tomás, sea mi acción correcta o incorrecta, siempre es malo. Sería algo parecido al que va a confesar sus pecados y confiesa algo de lo que no se siente culpable ni se arrepiente en conciencia. ¿Qué sentido tiene? Ese planteamiento que tú defiendes al final lo que hace es retirar el valor moral del corazón del hombre y colocarlo en los actos mismos: es una vuelta al fariseísmo. No importa qué hay en el corazón, importa lo que haces, la pureza de los actos según el código escrito. Sin embargo, Jesús dice algo distinto: “no es lo que entra por la boca lo que hace impuro al hombre, sino lo que sale de la boca", pues lo que sale de la boca –explica luego a sus discípulos– "viene del corazón”.

Un conocido mío musulmán, al que en cierta ocasión pregunté por el sentido que tenía en su religión no comer carne de cerdo, me respondió: “no, si yo sé que el cerdo no es malo, pero Dios lo manda y punto”. Lo siento, pero no puedo admitir que mi religión no se diferencie en nada de ese planteamiento voluntarista y fanático.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Alexander:

la libertad de conciencia se da fuera de la religión, claro. La cuestión de esta entrada (al hilo del artículo de Jacinto Choza) es qué papel ocupa dicha libertad EN el cristianismo católico.

Y es verdad que la Iglesia ha sido a menudo "una roca más", como tú dices. Pero, como toda institución humana, tiene de todo, y sin duda ha contribuido también a crear una sociedad en la que se valora la libertad de conciencia: al poner el acento en el valor de la persona, en la interioridad, en el examen de conciencia, etc. La Iglesia alberga todo eso, aunque también a fariseos y talibanes.

Suso Ares Fondevila dijo...

¿Y si aun así, Alejandro, después de hecho todo el escrutinio, todo el examen, después de ilustrarse y meditar hasta el fin sobre una cuestión en la que uno, en conciencia, no se ve capaz de coincidir con el magisterio ordinario de la Iglesia, se oye decir dentro de sí mismo: "¿Y cómo se yo que no ha anidado en mí en todo este proceso la soberbia, el orgullo, pues en realidad, desde el principio, no quería más que salir ganando, dado que, aunque juez, soy también parte"?
Quiero ejercer aquí, un poco, de abogado del diablo.

Antonio Rivero dijo...

Alejandro Martín Navarro:

En el ser humano hay limitaciones. El cristiano debe asumir esa limitación de la naturaleza propia. A partir de ese planteamiento, buscar la verdad.

Es cierto que Santo Tomás de Aquino acierta que si un acto hecho contra nuestra razón sea bueno o malo, es equivocado respecto a nuestra inmersión en dicho acto, pero puede el hombre buscar a Dios solo por sí mismo.

A esa respuesta me permito contestar por ti: No, el hombre no puede buscar a Dios por si mismo.

Por consiguiente es Dios quien da el primer paso. ¿Y quien entonces elige las pretensiones de la Salvación? Dios por supuesto con el plan elegido de acuerdo a su perfección, y no la conciencia del hombre que es limitada y que en soledad con si misma es una jaula para el propio hombre.

Cristo funda la Iglesia como guía de salvación viva, que está conformada por todos sus discípulos. Y deposita la primacía sobre Pedro.

Que la vicaría de Cristo caiga sobre un hombre con las mismas limitaciones que tu y yo, no significa que nos está guiando un simple mortal que no tiene poder ni licitud ninguna sobre las almas, sino que es un instrumento de Dios para la Salvación.

Hacer caso a este instrumento aceptando la limitación de tu razón, (nunca desistiendo a intentar comprenderlo) no es un acto de irracionalidad ciega, sino de humildad ante Dios.

Y otra cuestión, los valores morales verdaderamente inherentes en el ser humano, son absolutos en toda las épocas y circuntancias de la historia. Es en eso, (antes estaba equivocado) donde el Papado no puede errar.

En definitiva, la libertad de conciencia si es extirpada del catolicismo, haría de la religión un integrismo absurdo y totalitario, pero la aceptación en determinadas circuntancias de la voluntad de Dios (representada en las Sagradas escrituras, el magisterio, y la Tradición) no es un acto de fanatismo, sino un verdadero acto de amor y humildad. Abraham es un ejemplo de ello, Moisés es un ejemplo de ello, los miles de cristianos martirizados tanto en Roma como en la contemporaneidad, son un ejemplo de ello.

Saludos.

Antonio Rivero dijo...

Una puntualizació mas pues me ha venido una idea. No dijo Jesús:

"¡Abba! (Padre), Tú lo puedes todo; aparta de mi este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya"

Lucas 23,46: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

Si el lo hizo así,no de una forma fanática sino humilde y servicial,¿porque si obedecemos la voluntad de Cristo en el Papa, sin comprender del todo, es una actitud
fanática y farisaica?

Le contestó Jesús, «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega la Padre sino por mí….El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.» Juan 14:6,9

Alejandro Martín Navarro dijo...

Bueno, ¡esto se anima!

Suso, el problema que planteas es real y no poco serio. Pero esa pregunta se puede plantear también en la dirección contraria: ¿qué intereses, soberbia y orgullos pueden animar a quienes defienden, frente a todo argumento razonable, la inmoralidad de los anticonceptivos? ¿acaso están ellos, a priori, más libres de todos esos vicios?

De todas formas, creo que ese pensamiento que apuntas tiene su valor, pues sirve para que no nos conformemos con nuestra decisión, y sigamos cuestionándonos a nosotros mismos, meditando y estudiando el problema. Pero mientras tanto ¿qué hacer? Imaginemos el caso extremo que planteaba Antonio Javier: si mi mujer se queda embarazada, corre serio peligro, o el caso de que esté enferma. Supongamos entonces que yo, que no acabo de entender la posición del Magisterio, por “humildad” decido que debo seguir su enseñanza y, aunque en conciencia pienso que es una barbaridad, continúo con mi vida conyugal sin hacer uso de anticonceptivos. Esto es lisa y llanamente un mal, porque puse en peligro a mi mujer por realizar un acto que, en conciencia, yo veía que no estaba bien.

Antonio Rivero: acepto mis limitaciones. Por eso considero muchas cuestiones morales complejas, discutibles, matizables, y reconozco la necesidad de seguir profundizando en ellas. ¿Aceptan los obispos sus propias limitaciones cuando declaran con absoluta certeza –ya que estamos con el ejemplo– la maldad moral de los anticonceptivos?

Veo que ahora corriges tu afirmación anterior sobre el Papa y resaltas su infalibilidad absoluta y la independencia de los valores con respecto a épocas y geografías. Yo niego la mayor, a saber: la frase “la voluntad de Cristo en el Papa”, como si fueran una misma cosa. Pero como no sirve de nada que te recuerde que San Pablo tuvo que reprender a San Pedro porque éste estaba empeñado en la circuncisión, me ahorraré poner ejemplos de barbaridades consentidas o alentadas por Papas y Obispos. Te repetiré, eso sí, que la tesis que planteas no permite distinguir entre lo que hace un musulmán no comiendo cerdo y lo que hace un cristiano no usando condones sin entender por qué. Cada uno cree ser muy bueno y justo con las (aparentemente) absurdas y arbitrarias exigencias de Dios y cada uno se dice en su interior “el Señor sabe lo que es bueno para mí”. Eso no es humildad, sino minoría de edad, fanatismo y renuncia a la dimensión racional de la moral.

Me gusta discutir con quienes no piensan como yo, pero espero argumentos, y me resulta retórica la retahíla de las citas del Evangelio que propones, porque no sirven para justificar lo que pretendes. Cristo va consciente, libre y voluntariamente a la Cruz, porque, a pesar del miedo y del dolor, SABE que es por el bien de los hombres. Él no dice: “no entiendo por qué mi Padre me hace pasar por esto, si a mí me parece mal, pero bueno… si lo dice Él, será que es bueno…”. En segundo lugar, lo que dice Dios a su Hijo y lo que dice el Papa a la Iglesia en sus Encíclicas no tienen, ni lo más remotamente, el mismo estatus, así que creo que hay que evitar esas comparaciones. Ni las Encíclicas ni el Catecismo son la Palabra de Dios, sino explicaciones históricamente condicionadas. De hecho, hasta Pío XII no se consideró que las Encíclicas debían servir como medio para cerrar discusiones teológicas.

Me quedo con esta cita, para terminar: “He aquí, yo estoy contra los pastores, y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les servirán más a ellos para comida. Porque esto dice el Señor Dios: He aquí que Yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las visitaré». (Ezequiel 34, 8-11)

Bukowski dijo...

Plas, plas, plas, Ale. Clavado este último comentario.

Antonio Rivero dijo...

Tus argumentos me han comvencido en algunos detalles importantes. Pewro sigo creyendo que los pilares de la Cristiandad los erige la Iglesia y no el librepensamiento de los seglares. Pero es cierto lo de las encíclicas. Y la inefabilidad del Papa, (me he informado mejor) no es como yo decía tan a la ligera, sino con el asesoramiento de los obispos, teólogos seglares y sacerdotes, con su correspondiente dosis de oración, que es lo verdaderamente importante.

Pero también advierto que la jerarquía actual tiene muy buena voluntad y veo una purificación importante respecto a otras épocas pasadas, donde algunos jerarcas se relajaron en la fé.

Antonio Rivero dijo...

Ah y una cosa Y DISCULPAS POR USAR ay miles de citas como un prepotente, que solo me vino una inspiración.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Me alegro, entonces, de que hayamos conseguido acercar posiciones, Antonio. Espero, en todo caso, que los pilares de la Cristiandad los erija Cristo y los sostenga el Espíritu Santo, porque como dependan de nosotros...

Y también estoy de acuerdo en que la jerarquía actual ha aprendido de errores pasados y ha sabido rectificar algunas cosas que era de justicia rectificar.

Un saludo y gracias por tus aportaciones, Antonio

Alejandro Martín Navarro dijo...

Lo de las citas bíblicas no es signo de prepotencia, Antonio. En una discusión como ésta son necesarias. Sólo creo que hay que usarlas con prudencia (a mí se me suele ir la mano también...).

lolo dijo...

Gustazo leeros.
Gracias