jueves, 19 de febrero de 2009

Sobre la Virgen María


Después de tanto tiempo sin visitar el blog, vuelvo con un asunto del que hasta hace cierto tiempo me hubiera dado un enorme reparo hablar (diría más bien vergüenza): la Virgen Santísima, María, la pobre doncella de Nazaret que con su "hágase" posibilitó la encarnación del Verbo de Dios.
A mí me ha costado acercarme a María. Era para mi incipiente cristianismo una carga que soportar, un obstáculo que no sabía cómo vencer. Podía acercarme en la oración a Jesús. Mi corazón amaba o creía amar a Jesús. Al menos existía la diminuta semilla de una fe que sólo Dios sabe en qué acabará. En Él, en Jesucristo, habita corporalmente la plenitud de la divinidad, es el Mesías esperado, el alma vivificante del Reino, el que viene de Dios destinado a la redención y liberación del hombre. Hubo un momento en mi vida en que parecieron disiparse todas las dudas y dificultades. Parece mentira ¡los caminos tan inesperados que le llevan a uno a la fe! Me abría de repente a una verdad gozosa y tremenda: Jesús, el Hijo bienamado, en el que podemos confiar, al que podemos entregarnos desde la alegre exultación o el oscuro sufrimiento. Perdonad que acumule adjetivos, que yuxtaponga frases, pero es que cuando se escribe el nombre de Jesús uno se siente como compelido y obligado desde dentro a glosar y glosar su infinita riqueza.
Pero resultaba imposible dirigirse a María. Había una resistencia terca, obstinada. Mi asentimiento a las verdades dogmáticas era vacío e irreal ¿Por qué la Iglesia me exige "además" esto? Tales creo que eran mis pensamientos.
Quizá uno descubra a María en el proceso de maduración de la fe. No sé si las palabras que utilizaré son acertadas, pero digamos que uno encuentra en la Virgen la garantía de las promesas del Salvador. Ella es el modelo de la fe perfecta. La plenitud de la acción santificante del Espíritu, que eleva a la criatura a una íntima participación en la Gloria del Altísimo. Ella es el horizonte al que ha de tender nuestro ser; ella ha alcanzado lo que sustenta y nutre nuestra esperanza: ser en Dios, por Dios y hacia Dios.
Recuerdo haber visto en un libro de teología trinitaria la fotografía de un relieve que, visto así de pronto, podía resultar escandaloso no ya para un protestante, sino para el más fiel católico. El relieve representaba a la Trinidad Santísima y, creo recordar que en su centro, aparecía la figura de la Madre de Dios. Al momento te sacude la perplejidad: esto sí que es idolatría, aquí se resumen todas las obscenas hipérboles del catolicismo romano. Pero no, detengámonos y meditemos. El tal relieve es espléndido, es figuración de la plenitud escatológica. Esa mujer acogida en el seno de la Trinidad puedo ser yo y espero ser yo. En María se cumple lo que pedimos incesantemente en la oración, contemplamos lo que se nos anticipa en los sacramentos. María, Inmaculada y Asumpta a los Cielos, es la Humanidad redimida que goza en un éxtasis inefable la vida intradivina, la Gloria de la Trinidad. Somos (en María lo descubrimos) vida en la Vida, vida que crece sin desmayo y progresa sin pausa en la Alegría, en la Felicidad siempre renovada de Quien fue, es y será.

P.D. He tenido que vencer ciertas reticencias para publicar este texto: ¿será demasiado personal? ¿habré caído en la ridiculez y extravíos de ciertos predicadores marianos? ¿me habré despeñado hacia (permitidme el neologismo)lo pío-beato-sentimentaloide? Espero que no sea así.

12 comentarios:

Rafael G. Organvídez dijo...

Con la Virgen María nos pasa a todos un poco lo que a ti. Por un lado, queremos acercarnos a su misterio y, por otro, alejarnos del folclore que, por otra parte... ¿cómo diría..? podría ser un medio para llegar a Ella (y te lo dice uno que participa del mundo "capillita").
Comprendo tu pudor. A mí también me pasa. Y me gustaría llegar a la comprensión de su misterio por vías más intelectuales, sin sentimentalismos marianos tan fáciles delante de un atril. ¡Pero es tan difícil no ver en Ella también a nuestra Madre!
Al final todo se reduce, creo, en que María es la llena de Gracia.

Jesús Beades dijo...

Muy bueno. Y me alegro de que lo publiques, porque es un asunto espinoso para muchos cristianos conversos "de la intelligentsia".
No me parece mala la aversión ante lo que los protestantes llaman "mariolatría". Es necesario detestar lo que nos parece idolatría, para que, si nace, nuestra devoción mariana sea auténticamente teológica.
Lo que resulta espantoso son esas prédicas emocionales, en que poco más o menos se nos recomienda la dulzura maternal de María, su indulgencia, en contraposición (o para vencer) la justa severidad de Dios. Es herético, y una blasfemia.

Suso Ares Fondevila dijo...

Ya veo que todos hemos tenido dificultades parecidas. Me sumo. Mi interés por María era puramente racional al principio. Estaba seguro de su puesto en la economía de la salvación, pero sólo con mi cabeza: mi corazón tardó en adherirse. Tardó, pero lo hizo. Al fin la he alcanzado, mejor, me ha alcanzado. Como muestra, si me lo permitís, os dejo aquí una pequeña meditación escrita no hace mucho:

MARÍA
Se oscurece Dios, se va al fondo de su abismo, desaparece. Se oscurece Jesús, se va al fondo de su abismo, desaparece… ¿A quién acudiremos entonces? A María, madre de Dios, madre de Jesús, madre nuestra. Ella nunca se oscurece, nunca se va al fondo de su abismo, nunca desaparece. En primera línea siempre, al alcance de sus hijos todos, es el refugio que nos queda cuando Dios y Jesús quieren que sea ella la que nos recoja, visible siempre en su inmediatez de madre.

RADIOMARIANO dijo...

Hermanos:

Dejaos de peros y de disquisiciones teológicas.

No el Dios de los teólgos y los exégetas, sino el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. El Dios de Jesus y del Espíritu Santo. El Jesús de María y José y de los doce apostoles.

Saludos en Jesús y María.

RADIOMARIANO dijo...

Se me olvidaba, quizás sirva este testimonio del beato Beato Hno. Rafael Arnáiz Barón, Trapense, que próximamente será declarado santo.


“¡María!, cuántas cosas dice esa palabra... iSi yo
supiera escribir!, no sabría acabar. Esta noche
quiero ponerte dos letras y expansionarme un
poco hablándote de la Señora.
Es tan hermoso y tan consolador el cariño a la
Virgen, que me dan pena los que no la conocen,
los que no la quieren, aunque no sea más que un
poco... y, sin embargo, querido hermano, «lónde
se halla el cristiano, por tibio que sea, que no
se acuerde en algún momento de su vida de la
Virgen María?
Todos, todos llevamos dentro algo que, después
de Dios, sólo María puede comprender y
puede consolar... Ese algo es criatura, ese algo
es necesidad humana, es cariño, a veces dolor...
Es ese algo que Dios puso en nuestras almas, y
que las criaturas no pueden llenar, para que así
busquemos a nuestra María... María, que fue
Esposa, que fue Madre, que fue Mujer... ¿Quién
mejor que Ella para comprender, para ayudar,
para consolar, para fortalecer?
¿Quién mejor que María, la Santísima Virgen,
para refugio de nuestros pecados, de nuestras
miserias?
iQué bueno y qué grande es Dios que nos ofrece
el corazón de María como si fuese el suyo! iQué
bien conoce Dios el corazón del hombre, pequeño
y asustadizo! ¡Qué bien conoce nuestra miseria,
que nos pone ese puente..., que es María! [Qué
bien hace el Señor las cosas!
IAh, si supiéramos amar a la Virgen, si comprendiéramos
lo que significa para Jesús todo el
amor que podemos ofrecerle a la Virgen! Seríamos
mejores, seríamos los hijos predilectos de Jesús.
No sé si diré algo que no esté bien. Que Ella no
me lo tome en cuenta y que Dios me lo perdone,
pero creo que no hay temor en amar demasiado
a la Virgen ... Creo que todo lo que en la Señora
pongamos, lo recibe Jesús ampliado ... Yo creo que
al amar a María, amamos a Dios, y que a Él no
se le quita nada, sino todo lo contrario.
Es algo difícil de explicar, érne entiendes? Pero
mira, écómo no amar a Dios al poner nuestro
corazón en lo que Él más quiere? éCómo no
amar a Dios, viendo su infinita bondad que llega
a poner como intercesora entre Él y los hombres,
a una criatura como María, que todo es dulzura,
que todo es paz, que suaviza las amarguras del
hombre sobre la tierra poniendo una nota tan
dulce de esperanza en el pecador, en el afligido...
Que es Madre de los que lloran. Que es Estrella
en la noche del navegante. Que es..., no sé..., es
la Virgen María?
¿Cómo no bendecir, pues, a Dios con todas
nuestras fuerzas al ver su gran misericordia para
con el hombre, poniendo entre el cielo y la tierra,
a la Santísima Virgen?
¡Cómo no amar a Dios teniendo a María!
¡Ah, hermano, es algo en que el alma se pierde...
No comprende. Sólo le queda un recurso para
no enloquecer... y es amar mucho; vivir arrebatado
en amor a María, la Madre de Dios, la
Virgen llena de gracia. La que nos ayuda en la
aflicción cubriéndonos con su manto azul. La que
en la tierra nos ayuda, para darnos luego en los
cielos a su Hijo Jesucristo. La que es bendita y
ensalzada por todos los coros celestiales. La que
en la Trapa amorosamente sonríe cuando algún
frailecillo llora.
¿Qué más te he de decir? éQuién soy yo para
cantar las bellezas de María?
.Nadie, ya lo sé. Pero no importa, cuando cogí'
la pluma me propuse hablarte de la Señora; recordarte que ... -¡qué pretensión!- en los cielos está María, nuestra Madre...
¡Ah, si yo tuviera las palabras y el corazón de
David, al mismo tiempo que tener mi fortaleza
en Jesús, tendría mis debilidades en María... mi
torre murada en Dios, mis consuelos en María
(Sal 18,2-3).
Tú dices muchas veces «todo por Jesús», ¿por
qué no añades: «Todo por Jesús y a Jesús por
María»?
Sí, querido hermano, «en sólo Dios tengo puesta
mi esperanza», dice el gran rey David (Sal 17,3 )...
IAhl, si hubiera conocido a la Santísima Virgen,
hubiera añadido: «Y esa esperanza es María» ¿No
lo crees tú así?
No te extrañe, pues, que yo le tenga mucha
devoción y que quiera que todo el mundo se la
tuviera...
¡Sería todo tan fácil si acudiéramos siempre a
la Señora!

Fernando dijo...

Yo no lo veo ni exagerado ni ridículo, sino muy ponderado. Y no creo que se pueda hablar de que la devoción a María sea, propiamente, una obligación, sino -como tú dices- un paso en la maduración de la fe. Más difícil es creer en la Santísima Trinidad o en la Transubstanciación, ¿no?

Claro, puede darse el caso contrario, que se resumiría en una frase de Camino: "A Jesús siempre se va y se vuelve por María". La fe siempre está ahí, de fondo, aunque uno se aleje durante años, y quizá sea el recuerdo de María, en los momentos difíciles de la vida, lo que a uno le ayude a empezar a volver a la fe.

Jesús Beades dijo...

Precisamente el texto de este beato es un ejemplo de esa casi idolatría: "Todos, todos llevamos dentro algo que, después de Dios, sólo María puede comprender y puede consolar". Ese "después de Dios" suena un tanto obligado, porque el entusiasmo general de estas palabras apunta a que sólo María comprende algunos aspectos del corazón humano; algo que suena a complemento de Dios, a llenar huecos que Él no llena. He ahí el error.

Además, se insiste en su papel de mediadora, cuando en términos absolutos hay un sólo Mediador. Y lo que Antonio Javier plantea, con cierto, es el modo de volver a María desde su papel de modelo, de aquello a lo que todos somos llamados por igual: el Reino de Dios.

RADIOMARIANO dijo...

Jesús Beades lo ha definido muy bien: “casi idolatría”. O dicho de otra manera y sin escandalizarnos, hiperdulía (culto de veneración que los cristianos católicos, ortodoxos y algunos protestantes rinden a la Virgen María, considerada por los cristianos como la madre de Dios, al ser la Madre de Jesucristo), un escalón por debajo de la adoración o latría que solo corresponde a Dios.

Como cristianos solo debemos doblar la rodilla ante la Presencia Eucarística (y muchos ya no hacen ni eso…). Pero honrar a la mejor de nuestra raza, a María, no es idolatría.
Luego juega Nadal o corre Fernando Alonso, o juegan nuestros futbolistas en la Eurocopa y todos corremos para sentar el culo en el televisor y nos parecen superhéroes; ¿eso es normal y el culto debido a María no?.

Nadal y Alonso merecen que les honremos, pero María más, porque además de ser la mejor de todos nosotros, a María puedo llamarla para pedirle un favor y a Nadal y a Alonso, ni se me ocurre, pues no tengo ni sus teléfonos.

Qué cosa será María que es la mujer más retratada, cantada y loada por los pintores, bardos y poetas en toda la historia.

Estoy recopilando poemas dedicados a la Virgen. Solo empezando, pero ya tengo registrados más de 300 de autores de calidad poética extraordinaria como Lope de Vega, Góngora, Calderón, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Sor Juana Inés de la Cruz, Rafael Alfaro, San Juan de la Cruz, Miguel d’Ors, Luís Rosales, Dionisio Ridruejo, Fray Luís de León, Leopoldo Panero y creo que puedo llegar a las 1000 producciones poéticas, solo en castellano. Eso sin contar a los 20 poetas de mi pueblo que cada año en el libro de festejos nos regalan su poema a María.


Que Jesucristo es el único mediador ante el Padre, lo dice el catecismo, pero que María es mediadora ante su Hijo es tan cierto como que mi mujer media entre mis hijos y yo, aun cuando ellos pueden pedirme las cosas directamente, pero si la petición viene con el placet de la madre, es otra cosa.


No espero convenceros de nada. Esto es algo muy personal, una relación con María que va creciendo con el tiempo. Yo también desconocía a María hasta hace bien poco, pero ella me conocía a mí desde mi nacimiento.

A Jesús por María.

Jesús Beades dijo...

Radiomariano:


¿El culto debido a María? Que yo sepa, no debemos culto más que a Dios. Nadie está obligado por su fe católica a rendir culto a María; más bien hay una invitación a contemplarla como ejemplo de cumplimiento de la voluntad divina, y de algunas virtudes. Y a dirigirnos a ella como intercesora, también. Pero esto último es muy peliagudo, podríamos dejarlo para otra entrada, porque una cosa es rezar "con" los santos (a Dios), que rezar "a" los santos. Lo de rezar "con todos los santos del cielo" se ve claro en las oraciones de alabanza.
Las plegarias a los santos se convierten a menudo en una especie de oficina en la que se me atiende antes y mejor si sé con la persona que debo hablar, según el asunto que necesite.
Me parece espantosamente antropomórfica la imagen que utilizas de tu familia. ¿Dios te atiende mejor si en vez de rogarle por algo, le ruegas a María que ruegue por ese algo? ¿Qué fundamento tiene?

Pero el error más importante lo sueltas al principio: "un escalón por debajo de la adoración o latría que solo corresponde a Dios". El culto a Dios tiene con otras relaciones una diferencia cualitativa, no cuantitativa, y no se puede estar "un escalón por debajo". El "más que tú, sólo Dios", es expresión de entusiasmo religioso, fruto de una época de la historia en que se fusionaron los elementos paganos del amor cortés con los ideales cristianos caballerescos, y la devoción mariana fue impulsada hacia la hiperdulía que conocemos. Que al cabo de los siglos nos separa, entre otras cosas, de los protestantes, desalienta a muchos católicos, y que nos seguirá separando y desalentando mientras las devociones marianas apesten a altares paganos y superstición.

Luis de Miguel dijo...

Venga, leña al mono, Sr. Beades. Leña a todos los católicos estúpidos que no son dueños de una espiritualidad depurada como la suya. Leña a los que se sienten urgidos a transmitir la buena noticia, leña a los apologetas, leña a los idólatras (que le recomiendo dejar una temporada el juicio de la idolatría ajena y mirarse a ver cuál es la suya. Quizá la más difícil de detectar, a los ojos propios, claro, no a los ajenos, que resulta escandalosa), leña a los "conversos de la intelligentsia", leña a los que rezan, con frágil imaginería of course, leña a los recién llegados, leña a los de siempre... Me preguntaba si le quedaría todavía alguno vivo por anatemizar. Qué pregunta: leña para los devotos de María... y suma y sigue.
Mire, da la impresión de que hasta el Sr. Sánchez Risueño le tiene miedo: tate-tate...; no sé si soy ridículo; me habré despeñado hacia lo pío-beato-sentimentaloide... Déjelo soltarse, hombre, no lo coarte, que da gusto leer esos textos, tan llenos de hondura y belleza y tan lejos del fácil expediente de poner las peras al cuarto al prójimo. Que el único que debería coartarse un poco es usted, que parece el muñeco del teatrillo de mi pueblo, el de la estaca que no dejaba títere con cabeza. Venga palos y al final él solico haciendo reverencias en el tablao. Como usted, que se pone a limpiar la Iglesia y se queda solo.

Jesús Beades dijo...

Uf, qué alivio, ya estaba echando en falta esa sal y esa pimienta que necesita cualquier blog. Gracias, Luis de Miguel, por ponerlas usted. Aunque agradecería una mijita de argumentación también, que nunca viene mal (por cierto, lo de "conversos de la intelligentsia" –expresión de C.S.Lewis– era refiriéndome, entre otros, a mí).

¿Mi idolatría? Aparte de las comunes a todos, adoro a los luisdemigueles del mundo entero, que me hacen sentir gustito todavía en la blogosfera. Los espaguetis me gustan una cosa mala, la cerveza ni le cuento, y los muñecos de Star Wars son para mí manes lares y penates (Jabba preside mi estudio como Júpiter). Y siento por la música de Gesualdo un no sé qué que debe ser pecado, o al menos un éxtasis orgásmico como el de Santa Teresa (la de Bernini). Al atardecer de la vida me examinarán de todo esto, supongo.

RADIOMARIANO dijo...

Hola.

No es que no me guste la leña y por eso no he contestado al amigo Jesús; todos podemos ser lo protestantes que queramos, es que pensé en que quién era yo para defender a la Virgen y su culto debido tal y como lo define el Catecismo de la Iglesia Catolica:

"II El culto a la Santísima Virgen

971 "Todas las generaciones me llamarán bienaventurada" (Lc 1, 48): "La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano" (MC 56). La Santísima Virgen "es honrada con razón por la Iglesia con un culto especial. Y, en efecto, desde los tiempos más antiguos, se venera a la Santísima Virgen con el título de `Madre de Dios', bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes en todos sus peligros y necesidades... Este culto... aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente" (LG 66); encuentra su expresión en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios (cf. SC 103) y en la oración mariana, como el Santo Rosario, "síntesis de todo el Evangelio" (cf. Pablo VI, MC 42)."


Ciertamente que podemos desviarnos y hacer un culto ilégitimo de la Virgen María, endiosandola, pero para eso esta el test del algodón: si nos lleva hacia su Hijo y a hacer lo que Él nos diga (incluida la aceptación de la Cruz), pasa la prueba y si no es pura religiosidad natural.


Pero Jesús ¿cómo se puede vivir en Sevilla y no ser exageradamente mariano?.