sábado, 11 de abril de 2009

El virus de Dawkins y el futuro del nihilismo

Para mí Richard Dawkins representa el tipo de intelectual que detesto: parcial, sofista, superficial, manipulador. Y lo peor: empeñado en deducir toda una metafísica a partir de los procedimientos metódicos de la ciencia natural. El mejor ejemplo de todo esto son sus documentales, que nos enlazaba hace poco Santiago en su blog. En uno de ellos, el biólogo con vocación de todo (como la Obregón) se empeña en demostrarnos lo malas que son las religiones. Para ello, recorre el mundo, desde Tierra Santa a la América profunda, en busca de toda clase de perturbados con los que “dialogar”. Éstos le dicen cosas propias de perturbados, y el hombre se vuelve a Inglaterra, feliz de haber confirmado sus expectativas sobre la naturaleza irracional y perversa de la religión. Para que se hagan una idea, Sir Dawkins conversa con un judío laico neoyorkino reconvertido en islamista radical, un pastor evangelista que gestiona una “casa del infierno”, o un tipo que afirma que el castigo por adulterio debería ser la ejecución.

Sus simplistas reflexiones sobre el Antiguo Testamento (Yavéh es celoso, mezquino, injusto, genocida…) no estarían mal de haberlas hecho un estudiante de la E.S.O, y su desconocimiento del pensamiento cristiano y de la teología moderna es tan manifiesto que sólo logra hacer aún más evidente el hecho de que su crítica tiene mucho que ver con las tripas y poco con la razón. Afirma que “las raíces irracionales de la religión alimentan la intolerancia al punto del asesinato”. Pero Dawkins no debe haber leído a Buffon, por ejemplo, ni a los otros evolucionistas empeñados en justificar el colonialismo criminal europeo. Ni a Marx, convencido –como Dawkins– de poseer la verdad de la ciencia frente a la peligrosa superstición religiosa, lo que le hacía declarar con orgullo: “abiertamente declaramos que sólo con la violencia podremos alcanzar nuestros objetivos”. O por poner ejemplos más actuales: los darwinistas sociales, la biología racial de los nazis, o el mismísimo James Watson, arguyendo contra la inteligencia de los negros o a favor de practicar el aborto si se descubre que el niño va a “nacer homosexual”. Dawkins no debe haber leído a todos éstos, pues alguien de su inteligencia se hubiera percatado de que las religiones no tienen el monopolio de la intolerancia, y que también las distintas formas de ateísmo (como las distintas formas de cientifismo) han provocado un gran daño a la humanidad. Además, según Dawkins, los niños de colegios religiosos son adoctrinados “en lo que un observador objetivo llamaría moral deformada”. Pero de ser un “observador objetivo” no puede dar él mismo ejemplo, puesto que pocos científicos se atreverían a hablar de “infección por el virus de la religión” o del “estado infantil” en que, a su juicio, permanecen las mentes de quienes no han “tenido éxito” en el proceso de liberación consistente en “matar el virus de la fe”. Si a alguien le interesa seguir por ahí, el artículo sobre El espejismo de Dios en Wikipedia recoge algunas objeciones a la obra de Dawkins, y no tiene sentido darle más vueltas. En todo caso, lo más triste de la cruzada antirreligiosa de este autor es su manifiesta impotencia para comprender y explicar la persistencia de ese hecho humano detestable, sobre el que no aporta más que una permanente mueca de perplejidad en los ojos.

Bien. Encuentro, sin embargo, algo que me interesa e inquieta en esos documentales. La mayoría de dementes entrevistados por Dawkins dejan ver algo que nos debería hacer pensar, más allá de las pretensiones apologéticas de éste: todos ellos están espantados por la deriva nihilista de Occidente. Desde los anti-evolucionistas norteamericanos hasta los yihadistas, todos creen que el pensamiento científico y racional de Occidente despoja al hombre de lo más valioso que poseía: lo priva de sus esperanzas, lo deja desnudo sin patrones de conducta, a la intemperie de la arbitrariedad y el sinsentido. Y tienen razón: “¿quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte?” –gritaba el loco de la Gaya Ciencia. Los pensadores que diagnosticaron el nihilismo (Nietzsche, Heidegger…) profetizaron también su superación (el Übermensch, el “dios” que ha de salvarnos…), pero el tiempo pasa y la hora del amanecer no llega. Seguimos en medio de un impass desesperanzado, sin metas históricas ni soluciones morales. “Excesivo cansancio espiritual y falta de disciplina”: así caracteriza Nietzsche, en un fragmento póstumo, lo que él mismo llama la catástrofe nihilista. Cuando la filosofía y la ciencia mataron a Dios, los “espíritus libres” esperaban alegría y emancipación. Pero conforme pasa el tiempo, más nos parece que la emancipación va unida al miedo y la tristeza. Y mientras seguimos esperando la superación del nihilismo, por todas partes del mundo crecen las hordas de quienes no están dispuestos a dejar sin castigo el crimen metafísico de Occidente.

11 comentarios:

Ángel Ruiz dijo...

No puedo evitar traer aquí un enlace a una meditación de Benedicto XVI que he leído hoy.

Óliver Sotos González dijo...

Joder, eso son vísceras sobre la mesa. Sobre la emancipación, yo no sería capaz de negar que haya miedo y pueda sentir tristeza: Me he pasado milenios dejando que pensaran por mí, ¿cómo voy a sentirme en el momento que salgo de la puerta de mi casa en pleno invierno, sin un triste abrigo, y sabiendo que en el salón la chimenea está encendida? Eso sí es un canto de sirenas, y no las de Ulises de camino a Ítaca.

¿Por qué las religiones? Yo creo que si a día de hoy no existieran las inventaríamos. Creo que el ser humano es en esencia metafísico, aunque desentrenado, y se hace una pregunta muy simple: "la cosa". A lo que precisamente no estamos todavía entrenados es a tener muchas preguntas y muy pocas respuestas, a la insatisfacción tan necesaria para seguir hacia delante, a sentir la desazón como propia al percibir que con una respuesta no se calma ese algo que sigue taladrando, preguntando más y más: ¿por qué, cómo, cuándo, dónde...?

Y bueno, también considero importante el aporte de la ciencia, no como fin último (como no estoy dispuesto a aceptar a las religiones como poseedoras de tal honor). Creo que la ciencia hace ya tiempo que nos está mostrando el camino por donde los sentidos ya no pueden llevarnos, por lo tanto debemos exprimir tanto nuestros sentidos, que ellos mismos nos abran la puerta al siguiente peldaño, y en eso la ciencia puede aportar ese grano de arena al lugar que los sentidos e instintos ya no saben conducirnos, quizá por desuso.

Fón dijo...

Buena pregunta pones... (¿y tú qué piensas?). La verdad es que no sé nada de este autor... pero lo has puesto a caldo de un modo atractivo.
Se le olvida al tal Dawkins que la religión es algo inherente al ser humano... la búsqueda de Dios, que si acaba bien, lleva a decir como s.agustín... "mi corazón está inquieto y no descansará hasta que repose en Él."

Alejandro Martín Navarro dijo...

Joder, Ángel, impresionante el texto del Papa. Gracias por enlazarlo.

Óliver: no creo que la cosa tenga que ver con que hayan "pensado por mí" durante siglos, porque sinceramente creo que "pensar por uno mismo" no es monopolio de nuestro tiempo (puestos a generalizar, yo diría lo contrario). Por otra parte, también considero fundamental el aporte de la ciencia -¡faltaría más!- Lo que rechazo es a quienes, en contra de la ciencia, quieren transformarla en una nueva metafísica.

Fón: no sé a qué pregunta te refieres exactamente. Si te refieres al problema en general, no tengo una solución, por desgracia; en la entrada me limito a constatar que nuestra situación "espiritual" es tan compleja y problemática que, en algunos casos, provoca como reacción el fanatismo, la vuelta al pasado, el rechazo ciego y sordo del progreso. Así que, aunque sólo sea por motivos de supervivencia, necesitamos una solución. Una solución que, por otra parte, no estoy seguro de que esté en nuestras manos.

Óliver Sotos González dijo...

Al contrario, Alejandro. He querido comentar que llevan pensando por mí desde que soy ser humano (o casi). En un sólo párrafo me resulta difícil condensar todo lo que quiero contar.

A lo que me refiero es que yo creo que las religiones apaciguan al ser, tanto en cuanto ofrecen respuestas absolutas a todas las preguntas que nunca hemos llegado a saber por qué (a Zeus le otorgamos la cualidad de tener rayos en las manos porque no sabíamos de donde surgían).

Yo creo que la ciencia ha ido desmitificando y aumentando la realidad, eso sí, ¿la realidad que nosotros conocemos era la misma que en el siglo V? ¿Será la misma que en el siglo XXV? Sólo digo que prefiero desmarcarme de ese pensamiento único que me quieren proporcionar y ver qué hay detrás de la manera de pensar, y que, como muy bien dices, no es monopolio de hoy, sino que pienso que es monopolio del ser humano (controlar a las masas).

Y ya sé que con la ciencia estamos de acuerdo. No conocía al tal Dawkins, pero pienso que personas como él hay, han habido y habrán. Y es interesante que existan, porque, sin ir más lejos, ha salido una vena visceral tuya por la que puedes caminar para ver qué se oculta tras eso que detestas. Eso sí me parece interesante.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Óliver: mi "vena visceral", como tú dices, me sale cuando me enfrento a un tipo de discurso que deliberadamente trata de manipularme, cuando noto que oculta intencionadamente datos que no le interesan para confirmar sus propios supuestos; un tipo de pensamiento que no profundiza ni analiza con verdadero rigor su objeto de estudio, sino que se conforma con vagas referencias a lugares comunes, porque en el fondo está tan convencido de su "verdad" que no le interesa atender a hechos que pudieran desmentirla. Tengo en demasiada estima al pensamiento filosófico como para no "indignarme" (relativamente) cuando veo que se convierte al pensamiento en una mera herramienta de las ideologías dominantes.

¡Y ojo! No importa qué defienda. Te pongo un ejemplo: Francis Collins es una eminencia en genética, que hizo pública la secuencia del ADN y que, además, es creyente. Escribió un libro llamado The language of God, en el que trataba de sacar conclusiones filosóficas a partir de sus investigaciones científicas. Lo cual -faltaría más- es muy digno (y necesario), pero para hacerlo bien hay que saber filosofía. Si no, uno hace un poco el ridículo, como de hecho le ocurre. Y aún así, Collins tiene una ventaja frente a Dawkins: no trata de convencer al mundo de lo irracionales y peligrosos que son quienes no piensan como él.

Jesús Zamora Bonilla dijo...

No os extrañará que yo, en cambio, ADMIRE a Dawkins. Admito que muchas de sus argumentaciones pecan de cierta trivialidad filosófica; pero para un positivista como yo (que piensa que los conceptos metafísicos son meros juegos de palabras, sin ninguna conexión con nada real), no dejan de tener mucho encanto. P.ej., la crítica a la visión de Dios del Antiguo Testamento es verdad que no tiene en cuenta muchas elaboraciones posteriores: pero es que esas elaboraciones no ELIMINAN ni una de las barbaridades que el psicópata genocida del que hablan esos libros va perpetrando con total alegría (miento: Dios pocas veces está alegre en la Biblia, y, lo que es peor, ninguna -que yo sepa- se ríe, como no sea para burlarse de alguien).
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Mis opiniones sobre Dawkins pueden verse aquí y aquí.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Pues mira, Jesús, sí que me extraña. Aunque si de lo que se trata es de que le encuentras "mucho encanto", vale. Yo también encuentro encantador el intento de Francis Collins de deducir del ADN el lenguaje de Dios, y de la ley moral, su existencia. Pero me parece poco riguroso, la verdad. Hay que ser más serios (no digo sin humor, sino con agudeza y rigor), sobre todo con estos temas.

Tengo muchas ganas de leer tus entradas sobre Sir Dawkins. En cuanto tenga tiempo, me paso por tu blog. Hoy me voy de viaje.

María dijo...

¿De veras puede afirmarse que la doctrina cristiana está exenta de ser parcial, superficial y manipuladora? Creo que históricamente e incluso en la actualidad se ha demostrado lo contrario. Quizás Dawkins pueda tener reflexiones simplistas, pero no es más simplista que, por ejemplo,negar las teorías evolutivas o seguir esperando hoy la salvación de un Dios redentor: La superación del nihilismo no consiste en la venida de un Dios que nos redima de nuestros pecados y nos salve, sino, más bien, en aceptar que no hay suelo firme sobre el que sustentarnos porque, precisamente,estamos inmersos en una "nada" sobre la que ni siquiera hemos pensado e intentamos superar con categorías modernas "parciales, sofistas, superficiales y manipuladoras".

Jesús Beades dijo...

María:

No sé quién niega las teorías evolutivas, desde luego no el cristianismo católico. (Aunque, eso sí, las trata según su condición de teorías, no de leyes probadas, y como tal están continuamente siendo revisadas y actualizadas). En última instancia, la evolución de las especies no aborda el "quién", sino el "cómo" se hizo el mundo. El modo concreto en que aparecieron las especies. Pero insisto en la pueril aceptación que hoy vivimos del darwinismo, cuando no está probado, y en muchos aspectos ha sido refutado (sobre todo por la actual ciencia genética).

Y esperar a un Dios redentor no es incompatible con sentirse "inmersos en una nada", ni con "aceptar que no hay suelo firme sobre el que sustentarnos ". Ese es el comienzo de la conversión.

Alejandro Martín Navarro dijo...

Hola, María. Gracias por tu aportación.

No sé quién afirma que la doctrina cristiana está exenta de todo eso. Yo, para empezar, ni siquiera sé qué es "la doctrina cristiana". Puedo saber qué dice el Papa, el Catecismo o Leonardo Boff, y me parecera simplista esto o aquello. También sé quién es Dawkins y lo que dice. Y creo que, por lo general, su crítica (que pretende ser racional e ilustrada) es en realidad visceral y pueril.

Me parece muy bien tu aceptación del nihilismo (si es sincera ¡eres un Übermensch!). El problema que yo señalo es que no hay mucha gente dispuesta a aceptarlo, y que parte del fundamentalismo se origina como rechazo al debilitamiento de los valores en occidente.

Por lo demás, negar la teoría de la evolución no es algo que esté entre mis pretensiones. Y en cuanto a lo otro: la esperanza no es susceptible de ser "simplista". En todo caso, podrá ser infundada. Pero ¿qué más da? ¿no hemos aceptado ya vivir sin fundamento...?