jueves, 3 de septiembre de 2009

¿Un Dios demostrable?

No soy fideísta. Más aún, de acuerdo con el Vaticano I, no tengo reparos en sostener que la razón, cuando obra en conformidad con sus principios y reglas constitutivos, puede alcanzar un conocimiento cierto de que Dios existe. Es verdad (no nos engañemos) que este conocimiento es siempre inadecuado con respecto a su "objeto" de referencia. Sólo atisbamos en el horizonte la necesidad de un fundamento último, pero bien poco es lo que podemos llegar a conocer acerca de su esencia. Esta permanece envuelta en un misterio insuperable, que sería temerario y estúpido pretender desvelar.
Aún así, dicho lo dicho, creo que es muy difícil, prácticamente imposible, que haya prueba alguna que pueda persuadir con firmeza a los agnósticos o ateos ¿No parece esto contradecir mi anterior aseveración? Llevaré las cosas hasta el extremo. Considero que las vías que procuran un acceso a Dios estrictamente intelectual son abundantes. La mayoría de los argumentos que nos ha legado la historia de la Filosofía me parecen válidos, cuando se los purifica de la escoria de exposiciones de manual que los trivializan hasta reducirlos a lo ridículo.
Aquí llega mi precisión. Estos atisbos, estas súbitas iluminaciones intelectuales del Misterio fundante, son ciertamente posibles "de iure" pero casi siempre impracticables "de facto". Y es que la razón natural, pura y exclusivamente natural, preservada de la injerencia del pecado en sus múltiples formas, sencillamente no existe. La razón, cuando ha de elevarse al plano rigurosísimo y existencialmente vinculante de la reflexión metafísica, a menudo se ofusca, anda a tientas, se pierde en un laberinto de contradicciones y aporías... Ya Sto. Tomás advertía que era necesario que en la revelación divina se incluyesen verdades que son racionalmente accesibles a los hombres, pues no sobrepasan la capacidad de su naturaleza. Ello es indispensable. La cognoscibilidad intrínseca de una verdad no nos asegura que esta verdad vaya a ser "efectivamente" captada por nosotros.
Siendo así las cosas ¿no será precisamente la luz de la fe la que permita a la razón poseerse realmente a sí misma, devolviéndole así su verdadera naturaleza, una naturaleza que sólo podía alcanzar su plenitud inserta en el campo de lo sobrenatural?
Dirá el lector: ¿Y no es justamente esto fideísmo, el fideísmo que se rechazaba al comienzo de este texto? ¿No se ha caído en un círculo vicioso? La razón nos predispone para conocer la existencia de Dios, mas la razón sólo puede obrar así una vez que la fe (que está cierta de que Dios es) la ha rehabilitado elevándola a la dignidad que le es inherente por naturaleza.
Veo que el asunto se me alarga. Y en los blogs hay que procurar ser breve. Ya tendremos ocasión de enfrentarnos a estas dificultades e intentar dilucidar el asunto. Lo siento si he sido poco claro.

3 comentarios:

Suso Ares Fondevila dijo...

¿El círculo es siempre vicioso? Aquí hay círculo, en efecto, pero ¿por qué vicioso y no virtuoso? Puro voluntarismo mío, ya lo sé, pero aun así...

Óliver Sotos González dijo...

Para mí has sido cristalino. Y me parece muy interesante.

Pienso que los círculos, ya sean viciosos o virtuosos (como apunta en el comentario anterior Suso), pueden ser (o son) del todo obsesivos, siempre que se establezca un movimiento alrededor de los mismos . Dependiendo del radio del círculo (veo que me está saliendo la vena científica), con la misma fuerza los giros pueden ser más lentos, más llevaderos, o por el contrario más rápidos, y por lo tanto más neuróticos (y aquí ya me repito con lo que voy a decir: esto hay que matizarlo muy mucho).

Aunque en mi opinión, no creo que se trate de demostrar a unos o a otros si existe dios o deja de existir. Ya que si lo eliminamos de tu texto, para mí no deja de tener sentido, es más, aumenta el radio de acción (otra vez la geometría).

Creo que lo más interesante es lo último que comentas: "mas la razón sólo puede obrar así una vez que la fe (que está cierta de que Dios es) la ha rehabilitado elevándola a la dignidad que le es inherente por naturaleza". Aunque en mi caso no sería ese dios el que tú comentas que es. Si bien esto es ya otro tema.

Es importante indagar en los mecanismos de la fe del ser humano, en cualquiera de sus versiones. Pienso asimismo que la teología tiene mucho que decir ahí, sin llevarse las manos a la cabeza porque los que somos ateos o los que son agnósticos tengamos nuestro concepto diferente sobre el misterio (y quizá no se las lleva a la cabeza, y sólo sean pataletas mías de lo orgulloso que soy).

En una sociedad cada vez más globalizada (puede sonar a tópico y tal vez lo sea) y con más creencias y religiones conviviendo, pienso que aunar esfuerzos por llegar a un fin es importante. Tomar lo común y, a partir de ahí, fijar unos cimientos. Que más adelante ya tendremos tiempo de tener opiniones y razonamientos encontrados (lógicos y normales).

Por eso, y estoy de acuerdo contigo, la historia de la filosofía (junto con la teología) es también importante, aunque para tenerla de referencia y no como argumento último, ya que tenemos (casi me atrevo a asegurar que como obligación) que seguir hacia adelante (este es un tema bastante pantanoso para mí, así que lo dejo para que me lo mostréis en futuras conversaciones).

Alejandro Martín Navarro dijo...

Pero, Antonio Javier, esa cuestión que dejas sin resolver es la crucial aquí... Yo, que sí soy un poco fideísta en este punto, creo que la razón, por sí misma, no lleva a gran cosa, y que de hecho la razón no es "en sí misma" gran cosa, sino el producto de una forma de "estar en el mundo" que tiene una historia: ha surgido de mitos, praxis, ritos, etc. Al fin y al cabo, nuestra "razón" procede también de una "Revelación".