martes, 16 de diciembre de 2008

El Eterno Retorno

¿No será acaso el Eterno Retorno de la filosofía nietzscheana, esa inversión casi paródica de la eternidad, el tiempo de los condenados? El instante no es tránsito ni apertura; revierte sobre sí y se cierra al futuro. El pasado no puede ser cancelado por el perdón; sin cesar se impone lo pretérito y la voluntad lo abraza fatalmente como algo propio. El círculo. La inmanencia absoluta, el yo atado a su querer y la voluntad esclava de su propio afán. No es “ex-sistencia” (estar fuera, tensión hacia lo otro) es “in-sistencia” (voluntad de voluntad, afirmación de sí) lo que define este eterno retornar de lo mismo. Y el sujeto así lo quiere, no aceptaría otra cosa ¿Apoteosis de una vitalidad desbordante o reconcentrado y pétreo ensimismamiento?

2 comentarios:

Alejandro Martín Navarro dijo...

Muy bien vista la contraposición entre "ex-sistencia" e "in-sistencia". Te remito, si tienes ganas, a una entrada de mi blog sobre este mismo tema ("Instante y eternidad"). En sus tesis más metafísicas, cada vez veo a Nietzsche menos vitalista, menos atento a lo que realmente es la vida.

Suso Ares Fondevila dijo...

Siguiendo tu juego de palabras, frente al ex-simismarse de la apertura, el en-simismarse de la cerrazón, que cuando es perfecta deviene infernal: el infierno no sería otra cosa que el absoluto ensimismamiento de las piedras, el retorno a sí como único logro y única condena.